Cosas del tiempo de encierro

Ahora voy por el cortaúñas

Las uñas de los pies me crecieron sin tomar en cuenta que no habrá pedicura pronto. Y pareciera que esos «alambritos» en la barbilla salieron más puntiagudos. Así están las cosas con el cuerpo, un poco escandalosas.

Como todo esto es nuevo para mis ojos ociosos, me asusta un poco. Me pregunto por cuánto tiempo he andado con esos intrusos canosos en la barbilla. ¿Es nueva esa arruga en el cuello? Las rodillas se ven «resecas» y «abandonadas». 

¿Qué pasó aquí? Ya no sé si estoy reportando una noticia sobre el «recuento de daños».

Pero me da hambre, y a la cocina voy. La barrita nutritiva escuálida no va con este encierro, ni tampoco los estruendosos chilaquiles del fin de semana. Y en el refri no reconozco mucho de lo que compré. Y no es porque esté perdiendo la cordura; esa ya se fue.

El «era lo que había» me dio la bienvenida de un sopetón. Pues mi refri está lleno de «era lo que había» en el súper. Ayer, una leche sin grasa, sin lactosa y más rala que el agua arruinó mi cereal: era lo que había en la tienda. Por eso ya no reconozco mucho de mi refrigerador.

Del «recuento de daños» y el «era lo que había», paso a una nueva sección de mi día que cada vez me perturba más. Con base en mi curiosidad o ansiedad (más bien mi ansiedad), tomo el celular y busco, busco, busco, busco… Pero nada de lo que veo es lo que quiero encontrar.

Mi nueva obsesión por saber sobre la vacuna o la cura, me tiene deslizando la pantalla muy seguido. Esa es la parte que me conecta con lo que pasa allá afuera, y la que me tiene confinada con mis pensamientos aquí adentro. Esta nueva sección de mi día es tan intensa que podría llamarla «¡Y ahora qué @#$%#!».

Es una sección que me pone los «pelos de punta», incluido mi alambre «velloso». Quiero salir a salvar al mundo, sin poder salir. Luego, ¡me entra un cansancio!, que para el mediodía termino tumbada en el sillón. 

Es cuando paso al «mejor, no pienso». Me pongo a ver una película o videos. Intento leer una novela. Agarro el tejido, y creo que puedo diseñar unas mascarillas que sean tendencia de moda. Ya recorrí las esquinas de la sala que pienso desempolvar. Pero, lo sigo pensando.  

Hasta el momento no he encontrado una quinta actividad para equilibrar la situación. Bueno, podría echarte el rollo de que escribir es lo que me salva. Honestamente, es lo que me está salvando. ¿A ti qué te salva? 

Postdata: ¡ya encontré el saca cejas! Ahora voy por el cortaúñas.


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