Primer presidente de México

¡Dichoso yo si he acertado a llenar el extenso círculo de mis obligaciones para con la patria!

Guadalupe Victoria, primer presidente de México

«—Díganle a la emperatriz que quien es reina de su casa, no puede ser criada en palacio».

(Esta fue la respuesta que Josefa Ortiz de Domínguez dio a la recién nombrada emperatriz Ana, cuando ésta le ofreció el puesto de dama honor y dama de compañía. Ana María Huarte era la esposa del proclamado emperador de México Agustín de Iturbide. Josefa le escribió a la emperatriz Ana la siguiente carta:)

«Señora emperatriz doña Ana María Huarte de Iturbide:

El motivo de esta correspondencia es darle a conocer el dictado de mi razón. Por tanto quiero decirle que la hazaña de liberar este país no se la debemos a don Agustín Iturbide sino a Miguel Hidalgo y José María Morelos, los verdaderos próceres de nuestra independencia. Los verdaderos libertadores fueron Miguel Hidalgo y José María Morelos. Declaro, por lo tanto, sin afán de ofender su persona, que no reconozco al señor Agustín Cosme Damián Iturbide Arámburu como emperador de México. El gobierno monárquico e imperial que ha impuesto su ilustre marido a la nación, es contrario a los ideales de los primeros insurgentes y, para mí, significa una ofensa. Con el mayor de mis respetos.

Josefa Ortiz de Domínguez»

FRAGMENTOS DE LA NOVELA HISTÓRICA TRES GOLPES DE TACÓN DE REBECA OROZCO

Agustín Iturbide fue el primer soberano de México independiente, tras el derrocamiento del virreinato. Ya emperador, temía la insurrección, y ordenó el encarcelamiento de los antiguos insurgentes que se reunían en la casa de don Miguel Domínguez en Querétaro, esposo de doña Josefa Ortiz de Domínguez. Entre ellos estaba Guadalupe Victoria. Todos los presos fueron liberados, menos Victoria, quien poco después logró fugarse de prisión.

Cuando el pueblo salta sus barreras

Cuando el pueblo salta sus barreras, casi ningún esfuerzo es bastante poderoso para detenerlo.

Guadalupe victoria, primer presidente de MéXICO

Josefa Ortiz de Domínguez alcanzó a ver los primeros resultados de sus años de lucha por la independencia de México. Tras la abdicación de Agustín Iturbide como emperador de México; Guadalupe Victoria fue nombrado el primer presidente de México, gobernando de 1824 a 1829. Josefa Ortiz de Domínguez murió a causa de una pleuresía el 2 de marzo de 1829.

«A la hora en que la luna iluminó la ciudad de México, Josefa apenas respiraba. El hilo de aire, frágil y penoso, que la mantenía viva, se hacía cada vez más delgado. Pensó en cada uno de sus hijos y le pidió a Dios que los colmara de bendiciones. Evocó el recuerdo de sus amados padres. Regresó al momento de su pasión con Ignacio. Se estremeció. Una lágrima corrió por su mejilla y se escurrió hasta la almohada. Luego, abrió los ojos levemente y se encontró con la figura inconsolable de Miguel. Sintió su mano apretando la suya y se llenó de paz».

Fragmento de la novela tres golpes de tacon de Rebeca Orozco

Josefa Ortiz

Va mi espada en prenda, voy por ella.

Guadalupe victoria, primer presidente de méxico

Guadalupe Victoria, nacido en Veracruz, originalmente se sumó a la lucha de independencia de José María Morelos. Fue de los poco que, después de la ejecución de Morelos en 1815, persistió en la guerra que en esos momentos parecía ir al fracaso.

En 1824, el Congreso Constituyente de México eligió a Guadalupe Victoria como el primer presidente de México. Fue bajo su mandato, que el esposo de Josefa Ortiz de Domínguez, don Miguel Domínguez, fungió como presidente de la Suprema Corte de Justicia de la nación, de 1825 a 1827.

«Miguel miró a su esposa. Todavía conservaba esos ojos vivos e inquietos de los primeros días. Aquella mujer rebelde lo había acompañado a lo largo de su vida, en las buenas y en las malas. La generosidad de su viente le regaló la dicha de sus hijos, de sus nietos. Desde su encuentro en el Colegio de las Vizcaínas habían pasado cuarenta años. Juntos habían planeado y sufrido el embate de una guerra de independencia. Enarbolando ideas diferentes, habían sufrido serios desencuentros. Fueron muchas las ofensas y los quebrantos. Reflexionó: si bien el gobierno le había dato el título de juez máximo de la nación, no se atrevía a juzgar a Josefa Crescencia de Ortiz. El tiempo le había dado la sabiduría necesaria para aceptarla tal y como era».

Fragmento de la novela TRES GOLPES DE TACÓN de Rebeca Orozco