La casa del cuerpo

«Una inscripción sobre la entrada del hamman, en gruesos caracteres rojos entrelazados con una fina caligrafía de otros colores encendidos, decía:

Entra. Esta es la casa del cuerpo como vino al mundo. La del fuego que era agua, la del agua que era fuego.

Entra. Cae como la lluvia, enciéndete como la paja.

Que tu virtud sea la alegre ofrenda en la fuente de los sentidos».

Alberto Ruy Sánchez, Los nombres del aire

No había sabido distinguirlo

Pero el aire le arrebató también la aventurada idea de esa coincidencia. Había oído el vuelo del pájaro que buscaba pero no había sabido distinguirlo.

Alberto Ruy Sánchez

He traído esta frase como un dolor viejo que tengo que dejar ir: «Había oído el vuelo del pájaro que buscaba pero no había sabido distinguirlo». ¿Alguna vez escuchaste ese vuelo amado sin poderlo distinguir siquiera? Quiero saberlo. ¿Por qué? Porque sospecho, para el pesar de nuestros pesares, que muchos no lo distinguimos. Yo no lo distinguí a tiempo.

Y me punza más esta incógnita porque Alberto Ruy Sánchez menciona que el anhelo de Fatma en Los nombres del aire es el anhelo de muchas mujeres. Estoy segura que también es el anhelo de muchos hombres. Mi deseo más grande es que ambos pájaros se encuentren, se escuchen, se distingan. Si has »oído el vuelo del pájaro» quédate ahí, asómate a la sombra, trata de distinguirlo. Haz lo que tengas qué hacer para vivir.

Este es el artículo que la hermosa novela sobre el anhelo Los nombres del aire inspiró: El más fascinante secreto del universo.