Josefa Ortiz de Domínguez, su novela

Reseña del libro Tres golpes de tacón de Rebeca Orozco

Su esposo era el representante de la corona española en Querétaro, el corregidor. Ella era una mujer de 40 años, dedicada a sus hijos y obras de beneficencia. ¿Qué fue lo que motivó a esta mujer a unirse a un grupo de rebeldes, para organizar la Independencia de México?

Hay caminos que algunos siguen sin remedio porque es su convicción seguirlos. Y el camino de la lucha por la independencia de México fue un camino que Josefa Ortiz de Domínguez comenzó en 1800 y no dejó hasta su muerte.

Una mañana, un alguacil español irrumpió en el puesto y le exigió a Catarino un dinero que le debía. Indefenso, asustado, el viejo sólo atinó a pronunciar unas palabras en su dialecto. —¿te atreves a insultarme, indio mugroso?—amenazó el alguacil y, con violencia, cogió los largos cabellos de Catarino y curvó su cuello hacia abajo.

—¡Déjelo, alguacil, es un anciano!—reclamó el comerciante. —Cállate, criollo mala sangre —respondió el español. —Cállate tú, gachupín deslavado.

LOS TRES GOLPES DE TACÓN, REBECA OROZCO

En el corazón de Josefa Ortiz de Domínguez se sembró la semilla de la Independencia de México. Joaquín Arias, Juan Aldama, Mariano Abasolo, Ignacio Allende, Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz de Domínguez y su esposo el corregidor Miguel Domínguez planearon cada acción, cada movimiento. ¿Cuál había sido la fecha elegida del estallamiento? El primero de octubre de 1810. Pero entre ellos había un traidor.

Sin importar el tamaño de la ciudad o pueblo en donde nacen los hombres o las mujeres, ellos son finalmente del tamaño de su obra, del tamaño de su voluntad de engrandecer y enriquecer a sus hermanos.

IGNACIO ALLENDE

Un vecino notó el ir y venir de hombres. El corregidor recibió el reporte, se lo comunicó a su esposa y la encerró en su habitación. Josefa, con el código secreto que habían inventado y el sonido de sus taconazos, pudo hacer llegar su mensaje a Ignacio Allende y el padre Miguel Hidalgo. Hidalgo recibió el mensaje el 14 de septiembre. Josefa también apresuró otro mensaje para Joaquín Arias, pidiéndole que preparara a sus soldados con urgencia. 

Arias habría sido el ejecutor del movimiento armado. Sin embargo, ese mismo día, se delató ante las autoridades como conspirador. No solo eso, reveló los nombres de los demás rebeldes y los domicilios en dónde se habían venido reuniendo mes tras mes. Y, como último golpe, entregó la carta que Josefa le había dirigido a él.

Como las autoridades no detuvieron a Joaquín Arias de inmediato, con el propósito de no alertar al resto de los rebeldes, Arias pudo huir. Lo que Arias desconocía, es que el padre Miguel Hidalgo ya había recibido un mensaje de Josefa Ortiz de Domínguez.

Está tan cerca del pueblo que lo contagiará de su sabiduría, pero sobre todo de esa astucia que lo ha hecho ganar el sobrenombre de El Zorro. Más que devoción religiosa, el cura inspira pasión libertaria.

LOS TRES GOLPES DE TACÓN, REBECA OROZCO

A Miguel Hidalgo le quedaba una sola opción: huir. Pero no lo hizo y, esa misma noche del 15 de septiembre, sonó las campanas de la iglesia de Dolores y convocó al pueblo en la plaza. Frente a un puñado de mexicanos, El Zorro dio el grito de Dolores el 15 de septiembre. Josefa Ortiz de Domínguez y su esposo Miguel Domínguez fueron detenidos ese mismo día.

¡Tantos soldados para custodiar a una pobre mujer, pero yo con mi sangre les formaré un patrimonio a mis hijos!

JOSEFA ORTIZ DE DOMINGUEZ

El corregidor Miguel Domínguez salió libre pronto. Josefa Ortiz de Domínguez fue liberada semanas después. Pero volvió a ser apresada en el convento de Santa Clara, el convento de Santa Teresa la Antigua y el de Santa Catalina de Siena. Su encarcelamiento total fue de casi siete años.

Excelentísimo señor virrey Félix María de Calleja: La notoria belleza de la señora Domínguez la hace peligrosa, inteligente, de encantador trato, de conversación interesante y graciosa, ejerce gran ascendiente en cuantos la rodean; es una nueva Circe. Como las encantadoras de la antigüedad, que trastornaron los destinos del mundo, como Cleopatra, Helena, Semírasis, Lais, Friné, Tais y demás falsarias eternas; y como acierta en su informe el señor canónigo Beristáin de Souza, es una verdadera Ana Bolena, por su poder de seducción y predominio en todos aquellos que se le acercan; como es muy caritativa, se ha ganado el afecto de la clase baja y menesterosa de la población, lo que la hace en un momento dado, elemento de motín, y agente peligrosísimo.

LOS TRES GOLPES DE TACÓN, REBECA OROZCO

En 1822, el nuevo emperador de México, Agustín de Iturbide, ofreció a Doña Josefa Ortiz de Domínguez el puesto de dama de honor de la emperatriz. Josefa rechazó el nombramiento. Para ella, ese nuevo imperio mexicano que sustituía al virreinato, también era una traición a México. 

Y no solo esto, Josefa tampoco aceptó ningún reconocimiento económico o público por parte de nadie, por su participación en la Independencia de México. En sus palabras, lo que hizo fue solo su deber patriótico. Hasta sus últimos días, Josefa Ortiz de Domínguez participó en diferentes grupos políticos radicales que luchaban por instaurar la república.  

Esta es una historia que vale la pena recordar no solo porque nos habla de la mujer que salvó los planes de la Independencia de México, sino porque nos muestra algo que todos hemos vivido en una u otra forma: la prueba de nuestras convicciones. ¿Qué puede suceder cuando varias personas luchan por una causa común, pero sin la misma convicción? Puede suceder lo que le pasó a Josefa Ortiz de Domínguez y a Joaquín Arias. Quien no tuvo la convicción, traicionó más fácilmente. Quien la tuvo, resistió, porque la convicción fue su fuerza. 

¡Importante diferencia! 

Rebeca Orozco nos muestra en Tres golpes de tacón a una Josefa Ortiz de Domínguez que escuchó y miró la necesidad de la libertad humana, en un mundo en dónde cada cual sólo  valía por su color y parentesco. Nos deja ver a una Josefa curiosa, amada y profundamente comprometida. A una mujer que comprendió muy bien su inmenso rol, y lo abrazó con todo su corazón, como una «buena patriota».

EL LIBRO