Cinco años, una memoria

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A veces la distancia hace más querida la amistad, y la ausencia la hace más dulce.

James Howell

Lo cerraron, sí, el otro bar. Este que apenas encontramos, no goza de la avenida. Es un cuadrito de entrada, a dos calles. No tiene puerta ni ventanas. Mesas, sillas, bancos azules con cojines aplastados. Pero es un azul que abraza, como el trópico. Las fotos en carteles de la misma mujer de unos cuarenta casi forra las paredes de los lados. No puedes escapar su sonrisa. Marino dice abajo, Marino dice arriba, Marino dice adonde voltees. 

Esta visita era mi segunda. Quería conocer historias. Así como me pasó en el otro bar, el que cerraron. Ya había aprendido a conversar con el de al lado. ¿De dónde vienes? ¿Vives aquí? De ahí comienzan a salir las memorias de otras voces. Memorias de vida. Hoy cuatro de julio de 2021, todos alzamos nuestras copas por ella: por Marino, por su historia.

Cuando se quitó las zapatillas rojas, se quedó mirándolas. Las tomó y las puso en su bolso. ¿Alcanzaría otra boda? Se fue al cajón, sacó su collar de perlas y se lo puso. Julia, entendió la historia; me la dijo. «Se llevó sus zapatillas rojas favoritas al hospital, y con ellas salió; junto con su collar de perlas».

Los días fueron 21, me dijo Julia. Marino entró al hospital con un dolor intenso. Marino había sido la bartender de esa cajita azul de bar por unos diez años. Una pareja se la había dejado, así nomás. Ellos se fueron a otro país, y a Marino le dejaron el bar. Marino hizo familia con sus compañeras del bar, «aquí somos familia», me dijeron varias veces las otras bartenders.

En el hospital, una semana antes de su partida, Julia le preguntó a Marino: «¿A quién le vas a dejar el bar». Marino, le dijo: «a Laura». «Así como a mí me lo regalaron Pedro y Juan, yo se lo regalo a Laura». El papeleo se hizo. Marino dejó de ser la dueña de Lucky justo antes de volver a vestir sus zapatillas rojas y sus perlas. Le pidió a Julia que ayudara a Laura con los números, con la administración de Lucky.

Laura aprendió en menos de un año todo lo del bar. Ella era experta en la cocina, ahí había estado desde que Lucky abrió sus no puertas en los 90, encantando a Pedro y a Juan con sus juegos e inventos culinarios. Justo antes del año, Julia le dijo a Laura: «Estás lista, ya no me necesitas». Y Laura le contestó: «Claro que te necesito, si tu vas a ser mi socia».

Julia, la socia de Laura, me invitó al cumpleaños de Laura. Marino no solamente le heredó Lucky a Laura, sino también le heredó a su mejor amiga. Todos comimos un delicioso pozole que Laura hizo. Hoy, 4 de julio de 2021, todos alzamos nuestras copas por Marino. Su sonrisa sigue ahí; forra las paredes. Y, entre dos botellas de tequila están un par de zapatillas rojas.

In Memoriam de Marino

Tesoros

La puerta de la amistad y una cajita tallada que celebra a las amigas

Aquí se me complicó pensar en algún tesoro, porque en esta experiencia el tesoro está ligado a la muerte. Pero a mi rescate se me vino el recuerdo de mi amiga Maricarmen, quien hace unos años también se fue. Y me imaginé su sonrisa, su casa siempre abierta para todos: ahí terminábamos después de cada fiesta.

No conocí a Marino, pero a Maricarmen sí. Y ella, mi querida amiga, me estaría diciendo ahorita: «Paisa, vive plena». Y desde ahí, desde ese ser de Maricarmen tan «ella», me llegó una energía de vida dulce. Esa energía que viene del recuerdo de mi amiga me endulzó el día, pues dice con su ausencia: «VIVE, VIVE, VIVE».

Y desde esta forma de agradecer a Maricarmen su amistad, me atrevo a sugerir algunos tesoros.

La puerta de la amistad, la puerta de amor más libre, del abrazo simple, de los oídos que escuchan.

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Para esas amigas que siempre nos reciben con los brazos abiertos.

¿Más frases sobre la amistad? Sigue este enlace.