El más fascinante secreto del universo

Quienes conocían a Fatma notaban su cambio. Su abuela había alcanzado a leer en la mirada de su nieta un anhelo inquietante, y decidió «echarle las cartas». Cuando las cartas cayeron, la vieja abuela Aisha vio el mundo que surgía en Fatma:

Parecía que un mundo nuevo había surgido en su cuerpo, poseyéndola lentamente, de la misma manera en que la noche se va apoderando de todos los rincones de una casa.

Alberto Ruy Sánchez, Los nombres del aire

Las alas de mujer le surgían por dentro y se delataban «… con esos gestos que no se dejaban interpretar con certeza» (Alberto Ruy Sánchez, Los nombres del aire). Y le dijo:

… tu anhelo está tejido en un tapiz de sueños que cubre tus movimientos.

Alberto Ruy Sánchez, Los nombres del aire

Era el inicio del vaivén más íntimo.

Con el tiempo se fue haciendo inevitable captar que Fatma se había ido a un viaje sin regreso, muy dentro de ella misma, y que su alteración era una de esas heridas que ya no cicatrizan.

Alberto Ruy Sánchez, Los nombres del aire

Allá por 1988, me tocó ver la entrevista de Guillermo Ochoa a Alberto Ruy Sánchez por televisión. El escritor presentó Los nombres del aire. A mis veintiséis años, con mi vida en la piel, me dejé atrapar por la conversación de estos dos hombres sobre la sensualidad femenina. Creo que al día siguiente me fui a la librería a comprar Los nombres del aire. Lo leí ese fin de semana.

Ese libro le dijo sí a mi piel. El anhelo de Fatma parecía mi anhelo. Calladamente comencé a explorar el mundo con los sentidos. Creo que, hasta calladamente de mí, para no asustarme. Pero así como pasó con el oasis de San Ignacio en un viaje a Baja California Sur, así quedó catapultado en mí Los nombres de aire por muchos años. Los años en donde no podía sentir ni el aire; los años de tráfico, de carreras, de familia, de «sienta cabeza» me agarraron por las riendas.

Pero no dejé ir a Fatma. Volví a leer Los nombres del aire cuando andaba por los cuarenta. Poco recuerdo de esa lectura. Como tantas vacaciones de fin de semana que tomé, la lectura ha de haber sido una caricia del mar momentánea, ni obvia, ni difusa.

Hoy, a casi mis sesenta, estoy leyendo Los nombres del aire de nuevo. Los anhelos de Fatma ahora me dibujan una sonrisa que me recorre como una ola. La memoria de mi piel joven de veinticinco se quedó conmigo y, con este reencuentro, por fin nombra al aire.

Y, ahora, como la abuela Aisha, aquí «echo las cartas» a las nuevas Fatmas:

Ese vaivén que te atrapa en la adolescencia es el vaivén más íntimo y vital de tu cauce femenino. Cuídalo, nútrelo que es vida pura. No hay otro.

Y como remedio para no olvidar tus fluidos y tu fluidez, te recomiendo leer esta oda a tu sensualidad desde los veinte. Léela y atérrate de tu piel, del secreto que guarda y que irás deshojando lentamente. Guarda el secreto como Fatma, aunque las viejas abuelas lo descubramos con ver tu mirada. Créeme, muchas abuelas, al verte, sentiremos nuestras viejas olas refrescar las entrañas.

Guarda el libro como un tesoro. Vuelve a leer Los nombres del aire a los treinta o cuarenta, entre la agitación de tu vida familiar, profesional y social. No importa si, entonces, los nombres del aire te molestan. A lo mejor te da por decir que esas jóvenes con deseos tienen frío, no saben o necesitan ir al psicólogo. Yo lo dije. No importa. Lee Los nombres del aire y, si te enojas, mejor. Eso quiere decir que Fatma no se ha ido.

Luego, a los sesenta, toma el libro de nuevo y acaricia sus palabras, una a una. Date permiso, ¡ya es hora!, de probar el vaivén de tu lectura con el vaivén de tu vientre, una y muchas veces más. Goza Los nombres del aire. Gózalo con tus sesenta años como mujer, desde la piel. Y, date cuenta, por fin, que las mujeres somos el más fascinante secreto del universo.

EL LIBRO

Encuentra este y otros libros recomendados para leer por placer en la página de libros. Los nombres del aire es una de las lecturas cortas más deliciosas. No lo catalogo entre los libros eróticos, más bien entre los libros que celebran la sensualidad y nos recuerdan el anhelo. También disfruta de frases cortas y fragmentos de la novela aquí.