Ponte los zapatos de tu ser futuro

Habrá futuro

¿Te suena familiar el dicho «más vale pájaro en mano que ciento volando»?

Esa es la justificación que usamos para dejar que nuestro cerebro haga lo que mejor hace, satisfacer su deseo de inmediato. Nos es casi imposible esperar que las recompensas se den en el futuro, simple y sencillamente, porque nuestro cerebro está programado para orillarnos a saciar nuestro deseo inmediatamente.

El pleito no es entre el placer de la nieve de vainilla en la lengua y la necesidad de perder peso. El pleito es entre la dulzura de ese instante y un futuro que no sabe a nada. Si nos prometieran cien raciones más de ese deleite dentro de un mes en lugar de una sola ración ahora; posiblemente elegiríamos la ración de ahora.

Los científicos descubrieron que no elegimos entre lo que nos hará sentir bien de inmediato y lo que nos conviene. Los científicos descubrieron que elegimos entre lo inmediato y lo futuro. No elegimos entre lo fácil y lo difícil. Nuestro cerebro elige lo fácil porque su recompensa es inmediata, y descarta lo difícil porque su recompensa es futura.

No elegimos entre lo fácil y lo difícil. Elegimos entre lo inmediato y lo futuro.

¿Cuántas veces hemos puesto el despertador a las 5, para levantarnos a hacer ejercicio? ¿Cuántas veces hemos apagado el despertador, porque en ese momento la almohada nos hace sentir mejor?

Para el cerebro, la almohada tiene un valor inmenso en comparación con los resultados que lograremos con el ejercicio: baja de peso, mejor salud, menos azúcar… Y muchas cosas más del pensamiento, todas ubicadas en el futuro. 

Si te fijas, esta es una batalla muy desventajosa para nuestro futuro ideal. Pues estamos poniendo a competir placeres contra ideas. Y nuestro cerebro siempre favorecerá químicamente el placer que lo sacia en ese instante.

No es la fuerza de voluntad, ni la resiliencia.

Por años, los científicos aseguraron que la solución a este problema era la fuerza de voluntad. Sí, con fuerza de voluntad quizás tenemos el cincuenta por ciento de la batalla ganada. Otra capacidad que se menciona mucho es la resiliencia. La resiliencia funciona mejor si el premio futuro se siente, se huele, se percibe como inmenso placer para el cerebro. 

Y es aquí en donde podemos descubrir que si desenmascaramos a los contendientes de esta lucha, entre el placer químico y el deber pensante, estaremos más preparados para la batalla. Lo primero que tenemos que hacer es quitarle los guantes al «debo». Ese pobre «debo bajar de peso porque es bueno para mi salud» es un contendiente ya derrotado. 

El deleite químico que nuestro cerebro recibe de nuestra tibia almohada ya derrumbó al «debo» sin darle una sola oportunidad.

La verdadera batalla debe ser entre un ahorita y un después placenteros.

La verdadera batalla debe ser entre la sensación de placer que la almohada nos da ahora y la sensación de placer que viviremos en el futuro cuando hagamos el Camino de Santiago. Ponte a pensar, «tener buena salud» y «Camino de Santiago» son muy distintos animales. 

Si comparamos la sensación de placer que nos da la almohada con la sensación de placer que sentiremos durante el Camino de Santiago, por fin estaremos haciéndonos justicia. Por fin compararemos pájaro con pájaros. Es decir, un pájaro con cien pájaros.

Haz tu lista ahora de recompensas presentes y futuras. Ponte en los zapatos de tu ser futuro. Todos queremos una mejor salud, un sistema inmunitario al cien. Pero ¿para qué? Si te pones los zapatos de tu ser futuro, ¿qué harás con ese organismo en perfecta salud? ¿Acaso tus pies gozarían el agua del río, porque bajarás esa pequeña pendiente sin ningún problema? 

Todos queremos más dinero, tener un futuro financiero seguro. Pero ¿para qué? Si te pones los zapatos de tu ser futuro, ¿qué harás con esa estabilidad financiera? ¿Disfrutarías la premier de una opereta en La Scala de Milán en tu cumpleaños 50?

Acaso, ¿es posible alimentar a nuestro cerebro con sueños? Si queremos hacer el Camino de Santiago, podríamos comenzar a vivirlo de lleno desde ahora. Qué tal si alimentamos nuestra vista con sus paisajes, nuestro paladar con los platillos de los pueblos que visitaremos. Imaginemos el ruido de los ríos, el soplar del viento en nuestro rostro, la mirada que se pierde en la vereda sin fin. Nuestras conversaciones con otros viajeros. 

Ponte en los zapatos de tu ser futuro. Haz la lista de tus cien pájaros volando, de tus sueños pendientes.

Haz tu lista ahora de recompensas presentes y futuras. Ponte en los zapatos de tu ser futuro.

Sí, muchas cosas pueden pasar en el camino. Nos puede caer un rayo, aplastar un tren o darnos una infección mortal. Sí, muchas cosas pueden pasar en el camino entre ese pájaro que elegimos y los cien pájaros que podríamos recibir en el futuro. Pero, seamos honestos, lo más probable es que aquí estaremos. 

Si queremos cumplir una meta, armemos a nuestro futuro ser de un placer tan apabullante que no deje al presente ni siquiera levantar el puño. Luego, agarremos a la confianza de la mano, y no la soltemos hasta que lleguemos allá en donde ya andamos.

Porque igual habrá futuro para casi todos.


No lo olvides, tus sueños pendientes no se perdieron afuera, los traes contigo. Ahora ponles color y sabor. Y si de seguir un sueño creativo se trata, recordemos a los artistas que trabajaron en silencio días, meses y años en los oficios que tanto amaron en El amor a un oficio. Los sueños son los cien pájaros. 

Inspiración para este artículo:  http://journal.sjdm.org/9310/jdm9310.pdf

Si te interesa leer más sobre el tema de cómo para cambiar tu vida es importante confiar en tu futuro ser, te dejo este artículo (inglés): https://www.thecut.com/2017/01/to-change-your-life-learn-how-to-trust-your-future-self.html

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