La envidia, una realidad que merecemos ver con claridad

¿Has notado cómo algunas personas te afectan cuando tienen la oportunidad de hacerlo? A veces, no lo quieres ver. Especialmente si son personas cercanas a ti. Pero si queremos crecer como seres humanos, tenemos que aprender a verlas.

¿Conoces la envidia? Todos la hemos sentido en un momento dado. El vecino que se ganó la lotería. La amiga que obtuvo el puesto que querías. Es esa emoción que rompe nuestro perfecto panorama; que nos recuerda pendientes que dejamos atrás. Ese viaje que no hemos hecho, ese esfuerzo que dejamos a medias. 

Esa es una forma de envidia. Pero hay otra envidia, la que sale una y otra vez de la misma persona siguiendo un mismo patrón. Me refiero a la envidia que viene del comportamiento.

La envidia que viene del comportamiento es permanente. No es una emoción que brota, es un comportamiento que rige. Detente un momento y pregúntate: ¿Hay alguien que, con pequeños detalles, te ha afectado a lo largo del tiempo?¿Hay alguien en tu vida que, a lo largo de los años, ha dejado caer gotas de envidia en tu puerta? Esa es la envidia que surge del comportamiento.

Por lo regular, estas personas se esfuerzan por mostrarse más cercanas al sentirse expuestas. Si pones atención, podrás notar sus miradas duras debajo de la sonrisa forzada. Verás su profunda inseguridad debajo de los miles de bastones que usan. Esas explosiones de humildad, de control, de amor, de coraje o de lo que sea, son sus esfuerzos por cubrirse. Pero tu cuerpo sabe, tu vida sabe y, si realmente pones atención, puedes verlos con la claridad que te mereces.

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