La Malinche: sobrevivir

De sobrevivir se aprende, y ella aprendió.

Sobrevivir. Primero, sobrevivió la traición de su madre. Luego, la traición de su pueblo. Y, por último, la traición de Hernán Cortés. De sobrevivir se aprende, y ella aprendió. Aprendió a conocerse bien y a conocer sus circunstancias. Aprendió a ser una mujer sola desde niña. Aprendió a vivir.

Aprendió a vivir sin raíces inmediatas. Y quien aprende a vivir así, descubre que adaptarse es fácil. Lo nuevo que uno ve y escucha no tiene mucho con qué competir o medirse. Y así, uno sabe más pronto qué hacer. 

Malinalli

Malinalli nació alrededor de 1500 en la región de Veracruz. Fue hija del cacique de Painala. Su padre murió cuando Malinalli era una niña. Su madre se volvió a casar y tuvo un varón. Y, poco después, regaló a Malinalli. Podemos asegurar que el deshacerse de Malinalli fue el deseo del nuevo esposo de la madre de la niña. Pues en esa época, las mujeres no tenían el poder de decidir sobre asuntos familiares. 

Fue una familia de Xicalango quien se quedó con Malinalli por algún tiempo, hasta que pudieron venderla en un mercado maya como esclava, a una familia de Tabasco. Malinalli sabía el náhuatl, su lengua materna, y aprendió el maya, más tarde, como esclava. Cuando Hernán Cortés ganó la batalla de Centla el 14 de marzo de 1519, el cacique de Tabasco le regaló 20 esclavas, entre ellas Malinalli, quien tendría unos 15 años de edad.

Marina

Las 20 esclavas fueron bautizadas por el padre Olmedo, pues era excomulgado quien tuviera relaciones sexuales con una hereje. Cortés regaló a Marina (su nuevo nombre cristiano) a Alonso Hernández Portocarrero. Pero pronto, Portocarrero murió preso durante una misión y Marina volvió a la propiedad de Cortés. 

Cortés ya tenía intérpretes; nativos presos de guerra como Juliancillo y Melchorejo. Pero por razones lógicas no confiaba en ellos; estos hombres habían sido libres antes de su captura en batalla, y podrían traicionar a Cortés con los nativos, a cambio de su libertad. La situación de Marina era exactamente la contraria; como intérprete de Cortés, Marina gozaba de una libertad precaria, pero con los nativos le esperaba una esclavitud segura. Y aunque Cortés prefería a los náufragos españoles que habían aprendido la lengua nativa, se vio obligado a usar a Marina porque ella sabía náhuatl y maya. 

¿Cómo fue que Marina se convirtió en intérprete? No lo sabemos exactamente. Lo más probable es que alguien de importancia la escuchó hablar náhuatl, la lengua que Cortés necesitaba para comunicarse con el emperador Cuauhtémoc. El náufrago Jerónimo de Aguilar, intérprete preferido de Hernán Cortés solo sabía maya. Así, de la noche a la mañana, Marina se convirtió en la intérprete del náhuatl al maya, para que luego Jerónimo Aguilar interpretara del maya al castellano. 

Doña Marina

La primera persona que trató a Marina no solo como esclava fue Hernán Cortés. Y, seguramente, fue Hernán Cortés quien dispuso que su nueva intérprete aprendiera castellano. En los códices, es doña Marina la única que aparece entre los nativos y Cortés. Él llegó a llamarla «mi lengua». Y aún cuando no era la costumbre dar crédito a una mujer, Hernán Cortés mencionó en una de sus Cartas de Relación «Después de Dios, le debemos la conquista de la Nueva España a Doña Marina».

Malinalli, la esclava nativa, pasó a ser Marina, la esclava cristiana. Y Marina pasó a ser doña Marina, la esclava cristiana e intérprete. Le dio su primogénito a Hernán Cortés, a quien Cortés llamó como a su padre: Martín Cortés. Hernán Cortés contrató un abogado en España para que el papa Clemente VII legitimara a Martín. Y separó a doña Marina de su hijo, para que su primo, el español Juan Altamirano, lo criara. 

La libertad

Malinalli había sido traicionada por su madre primero y, luego, por su pueblo. Doña Marina fue traicionada por Cortés cuando le arrancó a su hijo de los brazos. Las decisiones del hombre sobre la mujer, para bien o para mal, eran las únicas que se tomaban, incluidas las decisiones sobre su libertad.

Después, Hernán Cortés le dio la libertad a doña Marina, le otorgó tierras y las encomiendas de Huilotlán y Tetiquipac, que le hubieran correspondido por herencia paterna según la ley de la Nueva España. Y la cedió en matrimonio a su lugarteniente Juan Jaramillo. 

La Malinche

La vida de doña Marina libre se pierde en la leyenda, y gira en torno a una muerte dolorosa por la viruela, un asesinato cometido por el mismo Hernán Cortés y una vida larga en el anonimato. La vida de Malinalli y doña Marina se vierte en una sola palabra en la historia de México: La Malinche.

Malinalli y doña Marina son dos visiones del mundo en una misma existencia. Dos visiones de una mujer nativa que gozó un poco el nombre de una mujer de rango. Dos visiones de una esclava que logró su libertad, la única libertad que podía alcanzar. 

Según Bernal Díaz del Castillo, el cronista de la conquista, doña Marina «era de buen parecer y entremetida y desenvuelta… digamos cómo doña Marina, con ser mujer de la tierra, qué esfuerzo tan varonil tenía… jamás vimos flaqueza en ella, sino muy mayor esfuerzo que de mujer…». (1)

La raíz profunda

Y es aquí donde podemos ver la verdadera raíz de doña Marina, su raíz como «mujer de la tierra»; la raíz profunda. La raíz que no tiene mucha relación con el apellido, ni con la crianza. Sino la raíz que tiene que ver con el linaje milenario que abraza a todo ser humano. Esa raíz que nos planta el corazón en la tierra, para que los pies anden por el mundo.

Quien aprende a vivir así, descubre que adaptarse es fácil. Lo nuevo que uno ve y escucha no tiene mucho con qué competir o medirse. Uno sabe más pronto qué hacer, para mejorar su circunstancia. Malinalli ya lo había perdido todo, era una esclava. Y para obtener su libertad, se ató a su nueva existencia: doña Marina con Cortés.

Doña Marina fue una mujer de carne y hueso que quería ser libre. La Malinche, es la necesidad de los otros de culpar a una mujer de traición. 

(1) Díaz del Castillo, Bernal (1984). Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España

La resiliencia y la adaptación son valores de superviviencia, lee frases de Winston Churchill cómo está, «Perseverancia». Casi todas sus frases están cargadas de fuerza. Otro personaje de la historia mexicana que ofrece claros ejemplos de perseverancia es Benito Juárez. Derrumba tus «peros» y lee las frases de motivación y sabiduría de Voluptuosi.