La sabia lluvia siempre nos toca el alma

La lluvia tiene un poder sobre nuestras vidas tan esencial que lo ignoramos. Pero a la lluvia no le importa, con el tiempo volverá a interrumpir nuestro paso y sacudirnos el alma «gota a gota».

Si llega en el invierno, la lluvia puede enfriarnos el ánimo. Nos arropamos, nos acurrucamos; pero su abrazo gris ya nos rozó el corazón y nos puso nostálgicos. La lluvia plateada del invierno puede limpiar nuestras heridas bien, dejándolas libres de las vendas que traían pegadas. Así, esa piel nueva nos llamará con amor, para que la cuidemos y pueda florecer bien en la primavera. Realmente, no nos queda sino admirar ese poder único de la lluvia del invierno.

Si llega en el verano, la lluvia nos cimbra con su azaroso paso. Y queremos correr con ella y saltar los charcos que nos regala con su canto. Esa es una lluvia apasionada, desbordada, olorosa. Nos embriaga toditos, y nos recuerda que somos vida que no dejará de fluir. Y como somos vida, nos caeremos y nos haremos uno que otro raspón que necesitaremos vendar. Pero no nos importa, porque la lluvia del verano lleva el poder dador de la vida, avasallador y frágil. 

La lluvia siempre nos toca más por dentro que por fuera.  

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