Atesora a la primavera

Llegó la primavera

Si nos detenemos un poco, nos daremos cuenta que la luz del sol está más presente, que poco a poco nos desdibuja la modorra del invierno: ¡llegó la primavera! La primavera es esa magia exacta que nunca falla, que inicia con el equinoccio de marzo.

La primavera llegó sin pedirnos permiso, y ¡qué bueno! Porque este año, 2020, casi nos olvidamos de ella. La incertidumbre que vivimos no nos deja ver algunas certidumbres que todavía podemos disfrutar, como son la estaciones del año.

¿Qué otras certidumbres podemos tener? Nuestra sonrisa, la lectura, una película, mirar por la ventana, aprender a ser pacientes y resilientes. Tenemos la certidumbre de poder planear nuestro futuro para vivir la vida que deseamos, o de ajustar las velas para continuar nuestros sueños. Porque si estamos aquí, tenemos la «casi certidumbre» que aquí estaremos mañana y pasado mañana.

La primavera, una certidumbre hermosa y presente

¿Tenemos más energía en la primavera?

¿Energía? Sí. El cuerpo disminuye la producción de melatonina, la hormona que rige el sueño, y comenzamos a movernos más inquietos. Esa urgente necesidad de correr y oler el aire puro no es locura, ¡es la primavera! Abre la ventana, ábrela de par en par a la primavera. Abre tu corazón, ábrelo de par en par a la primavera.

Si sientes más entusiasmo por el amor romántico, es que tu melatonina bajó. Podrías sentir la necesidad de más caricias, más caricias amorosas. Y, no solo eso, te será más fácil soltar una carcajada por todo y por nada. ¿Por qué? Porque cuando la melatonina nos deja, ese espacio lo ocupan el amor y la risa.

Así que si te dan ganas de escribir un poema o una canción, dale rienda suelta a tus ganas. Deja que el amor y la risa te aligeren las cargas, que diluyan las preocupaciones que el invierno te montó sobre la espalda. Pero sobre todo, deja que la carga de la incertidumbre te deje por completo, pues no la necesitas.

Si la incertidumbre se ha posado en nuestra historia, déjala estar. Y si quiere caminar contigo, pues qué lo haga. Cuando tuve cáncer, traje a la incertidumbre a mi lado meses enteros. Creo que todos aquellos que hemos sobrevivido una enfermedad mortal, podríamos decirte ahora que la incertidumbre enseña a vivir en calma «contra viento y marea».

Así que, desde tu lugar, porque ya es primavera, deja que este momento de naturaleza inquieta explore libre en tu corazón. Deja que la luz de las mañanas primaverales te sorprendan, y guíen tu espíritu por destinos nuevos.

A la primavera le gusta la curiosidad

Explora soluciones nuevas. Imagina a la primavera como una hada madrina abuela, que te empuja un poquito para que termines en la orilla de la mesa, y te preguntes: ¿realmente quiero seguir pensando como antes? 

Imagina a la primavera como a esa abuela que te quita los libros, las reglas y las soluciones que ya no sirven. Y te deja ahí, con tus pensamientos ante una hoja de papel en blanco. Y te pregunta, mirándote a los ojos: ¿Qué escribirás ahora? 

Las soluciones más originales, las recién nacidas de la exploración libre de la mente, son tan válidas como las soluciones a las que llegamos después de toda una larga noche de pronósticos. De hecho, esas soluciones sorpresivas pueden ser las que necesitamos para dar ese salto que la vida normal no nos había dejado dar. 

Deja que la primavera enamore a tu curiosidad y, juntas, te guíen por nuevos senderos. Quizás descubras nuevas ideas, nuevas formas de hacer tantas cosas que ni siquiera imaginabas. 

Más luz, más sonrisas

Esa sonrisa es culpa de la primavera. Cada día soleado con un cielo más azul, es una caricia alegre que puede hacer sentir bien hasta al más triste. Así como un día forrado de gris, podría arroparnos de melancolía.

Los días más largos vienen cargados de más felicidad. Pueden ser días cuajados de nubes de tormenta; pueden ser días húmedos y cálidos, días secos y desérticos. Pero si los días son largos y nos regalan más luz, nos harán sonreír.

De la melatonina a la serotonina, la magia se da

Con la despedida del invierno, la melatonina disminuye. Y esa risa y felicidad que la suple, es causada por su contraparte, la serotonina. Este neurotransmisor nos invade en la primavera, y es el culpable de muchísimas de las locuras grandes y pequeñas que la primavera nos inspira. 

Nuestra corteza frontal del cerebro, dedicada a nuestra personalidad y acciones, se alimenta de la serotonina. Así que, ¡imagínate! Una personalidad cargada de serotonina, es una personalidad con una fuerza un tanto feliz y alocada. 

Pero, ¿cómo sucede todo esto? Pues todo sucede gracias a los rayos ultravioletas. Los rayos ultravioletas del sol que la piel absorbe, promueven la producción de la vitamina D y la serotonina. La serotonina aumenta, según la cantidad de luz del sol y brillo del día.

Podemos obtener vitamina D de los alimentos, pero la mejor manera de obtenerla es por la exposición de la piel a la luz del sol. Producimos la vitamina D con el colesterol que guardamos en la piel, usando la energía de los rayos ultravioleta B. 

¿Y la serotonina qué hace? Este neurotransmisor funciona en todo el cuerpo: abarca nuestras emociones como nuestras actividades motoras. La serotonina es un estabilizador del estado de ánimo. La primavera nos la regala, para reducir la depresión, regular la ansiedad, curar heridas, mantener los huesos sanos y la digestión.

Muchas cosas pasan dentro de nuestro organismo cuando la luz del sol nos cobija por más horas. Como todo ser vivo, no podemos ser ajenos al reloj de las estaciones. Del adormecimiento invernal, pasamos a ese estado de nuevos comienzos con la luz primaveral. Este efecto podría resumirse a una palabra: despertar.

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