Reseña de libros: Mi familia y otros animales de Gerald Durrell

Intento de resumen de Mi familia y otros animales, con algunos desvíos 

Muchas tardes, Jerry de diez y Agathi de setenta, entonaban primero Vangeliò, un canto alegre sobre el río que preñaba el campo. Luego pasaban a una copla llamada Falsedad, de amor traicionado. Terminaban con una canción de despecho que se llamaba ¿Por qué te vas de mí? Para rematar la tarde, tomándose «un vinito».

Poco a poco vemos cómo los Durrel dejaron atrás sus viejas vidas. Ya no desayunan titiritando en la diminuta cocina de Inglaterra, doblegados por el frío metálico del clima. Sus desayunos en Corfú ya eran en el jardín, bajo mandarinos y un cielo fresco. 

En ese rincón con «matiz de irrealidad», platicaban lo que haría cada uno con su propio día. Larry escribiría. Leslie practicaría el tiro al blanco. Margo se asolearía. Mamá cocinaría y arreglaría la desvencijada casa. Jerry descubriría el mundo y, de vez en vez, cantaría con la vieja Agathi.

Este delicioso manjar Mi familia y otros animales, lleno de aceitunas y cabras, lo escribió Jerry (Gerald Durrell), llegado a los treinta. Quince años después de haber dejado la isla de Corfú. Es el recuento de sus cinco años en la isla de Corfú, en Grecia. Ahí vivió de los diez a los quince años con su madre Louise y sus hermanos Margo, Leslie y Larry. Y, por supuesto, con su adorado perro, Roger, la tortuga Aquiles, el palomo Quasimodo, —bueno— con el zoológico «corfuense» entero que el mismo Jerry armó. Pero, ¿quién fue Jerry, Gerald Durrell? Sigue el enlace, para conocer más sobre la vida de Jerry.

¿Cómo fue que cayeron en la isla de Corfú?

Creo que este reclamo de Larry a su madre, encierra un poco la causa del porqué cayeron en la isla de Corfú:

—Y todo por tu culpa, mamá —continuó Larry con austeridad—. No nos deberías haber criado tan egoístas. —¡lo qué hay que oír! —exclamó mamá—. ¡Jamás hice tal cosa! —Pues no pudimos hacernos así de egoístas sin una mínima instrucción —dijo Larry.

MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES, GERALD DURRELL

Ante la aventura, el futuro convencional salió sobrando. Larry tenía razón, algo de egoístas debieron ser para lanzarse así nomás a la vida. Porque el resultado de esa mudanza a lo desconocido fue exactamente eso: un clavado sin salvavidas al mar de la vida.

Eso del egoísmo me resuena un poco. Antes de continuar con esta reseña de Mi familia y otros animales, que me sabe tanto a miel; quiero explicar por qué le di tanta importancia a esa frase «egoísta» del libro. La primera razón, confieso, es que Louise me recordó a mi madre y todas las mudanzas que vivimos. 

Larry tenía razón con esa frase, cuando tienes una madre así, aprendes ese egoísmo que te impulsa a vivir «como te da la gana». Y, ante la aventura, el futuro convencional sale sobrando. Aquí te comparto, creo que un poco desde mi egoísmo, lo que me dio la familia Durrell con Mi familia y otros animales.

Pero volvamos a la reseña. Y, ahora, déjate cautivar por Jerry, por su escritura fresca y aventurera. Deja que Jerry te de algo, con este fragmento sobre Aquiles:

«Las uvas le gustaban tanto como a Roger, y siempre surgía entre ellos gran rivalidad. Parábase Aquiles a mordisquear una uva, con todo el jugo rezumándole por la barbilla, y Roger, tendido a poca distancia, le miraba con unos ojos angustiados goteando saliva por la boca».

Pero un día Aquiles se perdió. Louise, Marco, Larry, Leslie, Jerry y Roger hicieron lo más honorable; buscaron a Aquiles por todos lados con un puño de fresas por delante. Pero no te quedes aquí, sigue el enlace y disfruta el fragmento completo sobre Aquiles, la tortuga. Y, si se te antoja, luego vuelves.

Es una narración cómica y sin artificios

Con Mi familia y otros animales, lo que ves es lo que es. Es una escritura auténtica, sin ningún adorno. Y, eso, nos pone ante oraciones que no sólo nos gustan, sino que nos hacen querer ir a recoger aceitunas y echarnos un chapuzón. Deveras, cierra los ojos entre sus párrafos y deja que ese egoísmo aventurero de los Durrell te contagie. 

Pero ya no te cuento más sobre algo que es mejor gozar. Aquí te dejo con una anécdota de Margo, la inolvidable hermana de Jerry. Antes de la despedida del libro, que sentí como la sintió Spiro, te voy a dejar esta anécdota de Margo, la hermana adolescente de Jerry: 

«Habrá valido la pena si San Spiridion me concede lo que le he pedido» respondió Margo a su mamá cuando «visiblemente satisfecha de sí misma» había besado el pie de la momia de San Spiridion. ¿Cuál era su deseo? Que San Spriridion le quitara el acné.

Solamente ese día del año, la iglesia tendía el sarcófago de San Spriridion momificado. Se abría de una orillita, para que los feligreses besaran uno de los pies y pidieran su milagro. Pues, para deshacerse del acné, Margo le plantó un beso a la babucha centenaria que cubría los pies de San Spiridion, sin pañuelo de por medio. 

La gripa que le dio a Margo al siguiente día, le duró tres semanas. Y el único médico de Corfú, el doctor Androuchelli, le dijo «… por favor, no aumente mi trabajo con estupideces semejantes. Si vuelve a besar los pies de algún santo no seré yo quien venga curarla… Po-po-po… qué ocurrencia». 

Toda la lectura del libro es así: libre, cierta, ágil, cómica. Y, bueno, es que la vida es también cómica. La lectura de Mi familia y otros animales me recordó esta verdad: la vida siempre tiene un lado cómico. Y, entre más pronto descubra ese lado de la vida, mejor.

Pero, como en todo, siempre hay una despedida. Y la de Mi familia y otros animales se da con la salida de los Durrell de Corfú. Si no he citado a Spiro y Teodoro es porque me faltó tiempo y espacio en esta reseña. Pero en el libro, aparecen con toda su jugosa vida. Spiro fue el gran hacedor «todo Durrell», facilitador, amigo, intérprete. Teodoro fue el filósofo, maestro y gran inspirador en la carrera de Jerry. 

«Spiro nos fue estrechando la mano en silencio, y luego se quedó mirándonos, con el ceño fruncido como siempre y retorciendo la gorra entre sus manazas…

»—Bueno, adiós —empezó, pero se le quebró la voz y los surcos de sus mejillas se cubrieron de gruesos lagrimones—. Ses lo aseguros, no quería llorar —sollozó, y la barriga se le agitaba convulsivamente—, pero es como despedirmes de mis propia familias. ¡Ustedes son como cosas mías! […]

MI FAMILIA Y OTROS ANIMALES, GERALD DURRELL

»Al llegar a la frontera suiza, un funcionario insoportablemente celoso de su deber inspeccionó nuestros pasaportes. Se los devolvió a mamá junto con una hojita de papel… Momentos después mamá echó una ojeada al impreso que había rellenado el funcionario, y al leerlo se quedó rígida.

»—¡Mirad lo que ha puesto —exclamó indignada—, el muy impertinente! Larry miró el impreso y soltó un relincho de risa. —Ves, es el precio que hay que pagar por salir de Corfú —señaló.

»Sobre la tarjetita, en la columna titulada Descripción de pasajeros, aparecía escrito en pulcras letras mayúsculas: UN CIRCO AMBULANTE Y SU COMPAÑÍA».

El libro

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Otras partes de la reseña:

¿Quién fue Gerald Durrell?

Lo que me dio la familia Durrell

Fragmento sobre la tortuga Aquiles

Y ya no te cuento más sobre algo que es mejor gozar.