Ofrece tu mirada clara y de frente, con el amor a ti misma que te mereces.

Ni hacia arriba ni hacia abajo, sólo de frente

Para realmente estar y compartir, necesitas a un ser a quien veas de igual a igual, y quien te vea de igual a igual. Si buscas compartir un minuto o toda tu vida con alguien, es mejor que ese alguien no necesite de tu aprobación ni aprobarte nunca. Busca ese equilibrio de iguales, de dos almas que no necesitan etiquetas para revelarse una a otra.

Cuando realmente quieras compartir, cuelga la capa salvadora, guarda la espada de guerra y arráncate todas las etiquetas. Di tu nombre sin grados ni pesos que lo eleven o lo bajen. Ofrece tu mirada clara de frente, sin mirar ni hacia arriba ni hacia abajo, sólo de frente.

No ocultes tu forma natural de llegar con tu presencia, sin alzar la voz y sin callar. Dale a esa otra persona ese lugar que tiene, que es igual al tuyo. Ese lugar que todos compartimos, plano, simple, sin cargos, sin apellidos: el lugar del ser humano.

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