Jardín escultórico de Edward James, Las Pozas

Nutre tu alma con tu jardín

Cuando estás ahí, la brisa desvanece los pensamientos y te entrega a ese instante de la vida. Ahí eres tu plenitud expuesta al aire, a la tierra, a las flores y a la arquitectura que un soñador creó.

La amistad surgió en México, en Cuernavaca para ser más precisos. El soñador de este sueño fue Edward James. Él soñó con un jardín del edén, y eligió a México como el paraíso para crearlo. Este poeta surrealista llegó a Cuernavaca en 1944 (1). Ahí conoció a Plutarco Gastélum, quien sería su amigo y hacedor de su sueño durante el resto de su vida. 

¿Cuál es el jardín de tus sueños? 

Si por algún motivo viajas por Xilitla, y te hospedas en La Posada El Castillo, recuerda que ese fue el hogar del gran amigo de James, de Plutarco Gastélum. Ahí, Edward James pasó muchas temporadas con su amigo y su familia. Ahí Edward James no fue el poeta, ni el aristócrata británico que amó a México, ahí fue el tío Edward para los hijos de su amigo Plutarco. 

Lo que fue un sueño, Edward y Plutarco lo convirtieron en una realidad. México aloja el sueño de Edward James: Las Pozas. El rincón elegido fueron 37 hectáreas en Xilitla, México. Su construcción comenzó en 1949 y no terminó sino hasta la muerte de James, en 1984 (2). En verdad, fue un sueño que se desplegó como la vida misma; con la lluvia, con el sol, con lo que los días guardaron a lo largo de los 35 años más que su soñador vivió. 

¿Es tu jardín, un sueño que nutre la vida?

La utilidad del tejido irreal de los jardines y estructuras de Las Pozas va más allá de lo que el cuerpo físico puede apreciar. Ves sus delicados escalones, sus puentes y columnas que no llevan a ningún lugar, que no puedes medir, ni escalar hasta el fin.

La utilidad de Las Pozas va más adentro. Tiene que ver con el desparpajado idilio de la vida con la tierra. Cada curva de estas estructuras vive y respira; ahí duerme un insecto o canta un ave. Ahí encuentra refugio el alma y sus desmedidos anhelos.

¿Es tu jardín, un sueño del alma?

Como todo ser enamorado de la tierra, Edward James entendió el camino que una orquídea o un pequeño manantial muestran. Pero es un camino que no solo él puede expresar. Todos los enamorados de la tierra podemos crear nuestro propio jardín del edén, para vivirlo, tal y como Edward James y Plutarco Gastélum lo hicieron.

¿Por qué? Porque amamos la tierra y sus frutos. Porque tenemos sueños y tenemos manos. ¿Cómo? Como podamos. Haz tu propio jardín del edén. Sea un canto de ave a través de una bocina, o un canto del ave que está en nuestro balcón, no importa: es un canto verdadero. Sea un pequeño jardín en un rincón o una cascada en tu monitor de la computadora, no importa: es un edén verdadero. ¿Por qué? Porque es tuyo, y tu alma lo ama tanto como Edward James amó el suyo.

¡Es tu edén!

No importa en dónde estemos, en medio del tráfico, en una junta o en un cubículo sin ventanas; el alma sabe adónde ir. El alma va siempre a ese lugar en dónde un sopetón de aire fresco nos calla la boruca. Cuando veas un jardín, cuando construyas tu jardín; cuando veas una fuente, cuando construyas tu fuente, quédate un ratito ahí. 

Cuidemos esos momentos únicos, en un rincón de nuestro mundo sin límites, con puentes que no nos llevan a ningún lugar físico, porque son puentes para que regresemos a nuestra fuente, a nuestro origen; a los manantiales ricos e inagotables de nuestra alma.

Este es el regalo que Las Pozas, tu propio edén y todas las plantas y flores te dan: te regresan a ti.

Vive tu jardín, vive tu fuente, vive tu manantial. Vive tu edén.

Mira, al final final del día muchas cosas no importan. En la medida en que te des cuenta que muchísimas cosas no importan, le añadirás vida a tus días y, quizás, hasta un pequeño jardín. Lee Esta historia se trata de ti, y después ve a ¿Tomas en serio tus sueños? Porque de eso también se trata la vida, de que tomemos en serio nuestros sueños.

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