La música es salud

Revive tu música adolescente

Ella no acepta medianías. Ríndete, deja que te cante al oído, que te sacuda la vida y te acaricie el corazón. Sí, una y otra vez. No importa si ya pasaron 20 años.

Lectura en voz alta del artículo:

Invoca a esa canción que traías pegada «día y noche» cuando tenías 15 años. Invoca a las canciones que se esfumaron de tu vida cuando tus obligaciones adultas te atraparon. Invoca a esas melodías que, después de tantos años, saldrán a tu rescate con su alegría vaporosa.

En mi adolescencia, me ponía la grabadora en la almohada y escuchaba mi música favorita «muy quedo» antes de quedarme dormida. En más de cuarenta años no me acordé de esas noches. Pero hoy me llegó ese recuerdo. ¿Qué fue lo que me trajo esa sensación tan cargada de vida vieja? Felicita (1). 

Así, también a ti, tu música adolescente puede traerte escenas iluminadas. Y te dará vida de nuevo. 

Hoy es un buen día para invocar a tu música adolescente.

¿Por qué la música? Porque la música tiene el poder de llegar muy adentro en nuestro cerebro: nos escarba el pasado «a lo largo y a lo ancho». ¿Y por qué la adolescencia? Porque la adolescencia, simple y sencillamente, está inundada de experiencias primeras. Y, por algún motivo, nuestro cerebro adora las experiencias primeras que nos dieron a probar la libertad.

¿Experiencias primeras?

En la medida en que envejecemos, nuestra memoria a largo plazo emerge con más claridad. Sí, nos regala recuerdos. Muy en especial, nos regala el recuerdo de muchas experiencias primeras de autonomía. A este fenómeno psicológico se le conoce como choque de reminiscencia.

¿Los recuerdas?

Aquel primer baile de la secundaria. Tu primer beso. Tus paseos favoritos con tus amigos. Cuando aprendiste a conducir. Tu primer trabajo. Tu primer automóvil. Casi todas esas experiencias primeras de independencia, y muchas más, las vivimos en la adolescencia.

Porque casi todas estas experiencias adolescentes nos sirvieron para reafirmar nuestra libertad, es que las recordamos. Y las recordamos con una intensidad que alborota el ánimo. Cada una fue un logro de independencia familiar. Cada una contribuyó a nuestra formación autónoma.

En la medida en que abarcamos más años de vida, recordamos muchas de las experiencias primeras vividas hasta los 30 años. El abanico se abre, se enriquece.

Pero, ¿qué tiene la música de especial?

Si huelo una gardenia, este aroma me transporta a ese instante en el pasado en que su perfume me atrapó. Pero cuando escuché Can’t Take My Eyes Off You (2)no solo me transporté a uno de los momentos en que bailé esta canción, sino que también se me presentó un pedacito de mí del pasado. El recuerdo me endulzó completa. Porque me vi, me sentí, en la pista de baile. ¿Por qué? 

La música abarca muchas funciones del cerebro. Literalmente, casi cubre todas sus funciones. Cuando escuchamos música, nuestra área cerebral dedicada al conocimiento se estimula, al igual que nuestras áreas que abarcan las funciones psicológicas, sociales, del comportamiento y emocionales. En lenguaje simple, si nos enchufamos a una pieza musical, realmente nos enchufamos casi completos.

Los investigadores afirman que pocas cosas estimulan al cerebro como la música.  Y los estudios muestran que escuchar o tocar un instrumento musical es un «ejercicio completo para el cerebro». Además, nos reduce la ansiedad, baja la presión arterial, disminuye el dolor, y mejora el sueño, el estado de ánimo, la capacidad de estar alertas y la memoria (1). La música nos da muchos regalos.

Ahora, volvamos al choque de reminiscencia

Si la música nos da tanto, ¿por qué no aprovecharla también para recordarnos quiénes fuimos, quiénes somos? ¿Por qué no usar ese instrumento de bienestar, para enchufarnos a esos momentos de tanto gozo y libertad que hemos vivido? Completémonos con las piezas del rompecabezas que poseemos, que somos. Hagamos las combinaciones necesarias para enriquecernos. ¿Hay alguien que nos lo impida? No.

¿Tienes 30 años?, ¿tienes 50?, ¿tienes 60? Vuelve a poner esa canción que hartó a todos en tu casa, cuando tenías 15. Esa canción que fue refugio de tus locuras, de tus sueños y de tu amor adolescente. Haz uso de las piezas que ya tienes del rompecabezas de tu vida. Son tus piezas, eres tú. 

¿Recuerdas el CD, el cassette, el track de 8, el disco? ¿Recuerdas la vez que compraste tu primer disco? ¿Con qué dinero lo compraste? ¿Qué edad tenías? ¿Cuántas veces lo escuchaste? ¿Recuerdas ese primer baile lento con tu amor de adolescencia? Ahora, en este momento, busca esa pieza y escúchala de nuevo. Sonríe con ella. Ríndete, deja que te cante al oído, que te sacuda la vida y te acaricie el corazón. Sí, una y otra vez. No importa si ya pasaron 20 años.


La frase «recordar es volver a vivir» es cierta cuando recordamos momentos de nuestra juventud y, al hacerlo, nos transportamos a una experiencia vivida.

Busca tu historia con la música, ámala y compártela. ¿Qué historia te une a la música? No lo olvides, tu música, las canciones que te conectan con tu raíz, son canciones que nutren, que son abrazo. ¿Qué música te conecta contigo?

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