Reflexión para liberarte del tener la razón, y apostarle a la felicidad.

¿Ser feliz? ¿Tener la razón?

Ser feliz y tener la razón son dos estados incompatibles por naturaleza. El cerebro nos «juega sucio» aquí. Si no tienes la razón estás equivocada o equivocado, según tu cerebro. Y el estar equivocados es una amenaza para el cerebro. El cerebro va a tratar de salvarte de ¡tu error!

El cerebro va activar su alarma, la amígdala, y sentirás la necesidad de pelear o huir. Químicos como el cortisol, tomarán las riendas sobre tu lóbulo frontal, parando toda empatía, confianza y compasión que en momentos de tranquilidad sientes sin ningún problema.

¿Y la realidad? Bien, gracias.

Tú, yo y absolutamente todos vemos la realidad de manera individual y única. Cada uno vemos la realidad con base en lo que nos pasa y cómo interpretamos lo que nos pasa. Lo que nos pasa es real, y el cómo lo interpretamos es «nuestra realidad en singular». Podemos coincidir en opiniones sobre lo que interpretamos de la realidad, pero nunca podremos compartir la misma realidad.

¿Y la razón?

La razón para alguien es lo que esa persona de manera individual ve como lo correcto, solamente eso. Con base en nuestra interpretación individual de la realidad, nos damos la razón. Claro que hay leyes que establecen la razón como parámetro para ordenarnos como sociedad, pero en realidad son el acuerdo de una mayoría que pudo ejercer el poder. Eso es todo. La razón de uno puede ser impuesta sobre otros, si ese uno ejerce el poder sobre esos otros. Pero eso no significa que los otros no tengan su razón, ni sus creencias.

Entonces, ¿para qué tener la razón?

El cerebro nos seguirá «jugando sucio» y buscará que tengamos la razón ante los demás. Porque si no tenemos la razón, el cerebro se siente amenazado. Pero si reconocemos que en este caso, es nuestro cerebro límbico, el más antiguo, el que quiere tomar las riendas; podemos hacer un alto y analizar qué nos conviene más: salir a pelear o huir, o mejor calmarnos y ver que no hay nada qué vencer o de qué escapar.

Si tanto tú como yo tenemos nuestra propia forma de interpretar la realidad y nos damos la razón de manera individual, no necesitamos decirle al mundo que tenemos la razón; ni mucho menos atacar a otros porque no nos dan la razón. No necesitamos que nadie nos de la razón, a menos que deseemos vencerlos. Y eso, no tiene nada que ver con tener la razón o no, sino con el poder.

Libérate de tener la razón

El liberarte del tener la razón no te quita absolutamente nada: vas a continuar teniendo tu muy propia razón con base en tu muy personal interpretación de la realidad. ¡Tu razón es tu razón, y nadie te la puede quitar!

Apuéstale a la felicidad

El liberarte de la necesidad de probarle a los demás que tienes la razón te puede dar más felicidad. Libérate de la necesidad de vencer a los que no te dan la razón, pues no necesitas perder ni energía ni tiempo en una lucha que, si te quitas los filtros, descubrirás es una lucha de poder. Mejor, cuelga la capa y guarda la espada, y comienza a oler las gardenias.

Libérate de la necesidad de tener la razón y apuéstale a la necesidad de ser feliz.

Maria Bulman

Date un momento feliz, lejos de la razón con Si has olido las gardenias. Luego abre la ventana y contempla el cielo, disfruta esa fotografía o pintura, y conéctate con tu centro a través de Sobre la tierra y bajo el sol. Y, por último, si se te antoja descubrir más reflexiones que te regresen a ti, a tus sueños, visita el ebook Esta historia se trata de ti, y sin ti no hay historia.

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