Sobre la tierra y bajo el sol

Sobre la tierra y bajo el sol

¿Abres la ventana y ves el horizonte? ¿Abres la ventana y ves el cielo? Si no es así, siempre puedes vestir tu hogar con la imagen que te conectará con la naturaleza. Lo importante es que ese regalo especial, que puede ser una fotografía o una pintura, te conecte con tu centro, con tu lugar en el mundo, sobre la tierra y bajo el sol.

A veces, los mejores regalos son tan sencillos, como esa imagen que nos transporta al bosque bañado por un río o a un atardecer rosa.

La naturaleza siempre nos llamará a la puerta, incesantemente. Quizás porque somos naturaleza, porque somos parte ella. Los verdes bosques nos envuelven y nos regalan su aroma a menta, a eucalipto, con rayitos de luz aquí y allá. Y el río nos da su fluir continuo, corre y roza cada roca cuesta abajo hasta unirse al mar.

Nada es más reparador que respirar en la mañana al aire libre, con las montañas en el horizonte. Ahí, frente al frío somos una antorcha. Una antorcha de vida rodeada de belleza. Nada es más reparador que contemplar el atardecer dorado y rojo, que en un rincón del planeta sucede en este preciso momento.

No importa el atardecer que mires, ten la certeza que hay uno sucediendo ahora mismo. Ya sea que contemples una fotografía o una imagen de tu teléfono; recibe la energía de ese atardecer que está sucediendo en algún rincón del mundo, que es tuya toda.

Y si la urgencia de calor nos invade, de ese calor que solo el sol tropical consuela, podemos optar por un regalo sorpresa para nuestra alma cálida. En donde la tibia arena es empapada por el líquido turquesa de un mar paradisiaco.

Los paisajes son regalos de vida

Existe un estudio que comprueba el gran bienestar que nos dan los paisajes. Su nombre es Scenic-Or-Not, un ejercicio que se desarrolla en el internet. En este sitio, se reúnen muchas fotografías de paisajes de la Gran Bretaña, en donde los visitantes digitales pueden valorar cuáles son las imágenes más panorámicas. 

Lo curioso es que con los años, el estudio ha comprobado que los paisajes que los visitantes de la web seleccionan como agradables, son vistas panorámicas que pertenecen a poblaciones con habitantes que tienen la mejor salud. 

El experimento ha descartado las hipótesis que señalan que entre más bajo el nivel socioeconómico, más baja es la calidad de la salud. Pues muchas de estas áreas son rurales y pobres, con los habitantes más sanos y los paisajes más hermosos.

Los resultados de Scenic-Or-Not proporcionan evidencia que apoya la hipótesis de que la estética del ambiente que nos rodea influye en nuestro bienestar. 

De acuerdo con este estudio, lo que consideramos estéticamente agradable como paisaje, son espacios abiertos sin ninguna estructura creada por el ser humano. Los participantes del Scenic-Or-Not, una y otra vez, califican como más agradables a las fotografías que muestran paisajes naturales (paisajes que dan cabida al horizonte y que no tienen trazos de invasión humana). 

Lago Tahoe, Nevada

El otro descubrimiento que arrojó este estudio, es que las imágenes catalogadas como agradables a la vista contienen grandes cantidades de color azul, gris y café. Posiblemente, porque las fotografías con mejor aceptación muestran el cielo y las montañas. 

Acaso, ¿lo que nos separa de la salud tiene que ver con lo que nos separa de la naturaleza? No lo sabemos, pero la idea de que los paisajes naturales nos dan bienestar es indiscutible. De hecho, el tan solo contemplar un paisaje nos puede sacar una sonrisa o hasta un suspiro. 

Automóvil alejándose del horizonte, del pasado.
Deja que tu vista descanse admirando la puesta del sol

Deja que tu alma descubra que la vista es un canal de alimento sutil.

En los paisajes, pareciera que la vista descansa, pues puede posarse en todo y en nada cuando contempla esa imagen sin fin. Y ese hecho nos relaja. Nuestros ojos no necesitan buscar nada, solo dejar que la belleza natural del horizonte nos acaricie por completo a través de la mirada.

La buena noticia es que nuestro cerebro amará todo lo que le reviva esa sensación agradable que el paisaje le produjo. Por eso, esa fotografía que tomaste de esa playa tendrá tanto significado cuando la veas. Una y otra vez, te dará ese efecto casi mágico de bienestar que una vez el paisaje en vivo te regaló. 

Nuestro cerebro recuerda el 80 por ciento de lo que vemos y hacemos. Si un día estuviste ante un paisaje hermoso, esa fotografía o pintura, te regalará de nuevo una emoción placentera. Si puedes decorar tus espacios con paisajes que amas, hazlo. Si puedes crear un paisaje de tu espacio, hazlo. Los mejores regalos son los que nos brindan bienestar, felicidad.

Tu hogar, el recinto en donde puedes crear el ambiente que enriquecerá tu espíritu, con un regalo especial.

¿Sabías? De 1972 a 1981, se siguió la recuperación de 46 pacientes dentro un hospital en Pennsylvania. El objetivo fue observar si el tener una habitación con vista a un paisaje influía en la recuperación del paciente. A 23 pacientes se les asignaron habitaciones con una ventana con vista a un paisaje. A los otros 23 pacientes se les asignaron habitaciones con una ventana con vista a una pared de ladrillo.

Los 23 pacientes que se recuperaron de sus cirugías en las habitaciones con la ventana con vista al paisaje, estuvieron menos días hospitalizados. Tomaron una cantidad menor de analgésicos de alta potencia, y los comentarios que sus enfermeros anotaron sobre su recuperación fueron más alentadores. Contrario a los 23 pacientes que se recuperaron de sus cirugías en las habitaciones con ventana mirando a una pared de ladrillo.

Paradoja: siempre busquemos una habitación con una ventana que tenga vista al paisaje.

La magia de una ventana

Poco a poco nos hemos alejado de los paisajes, de esa mirada de azoro que nos regala un atardecer. Poco a poco hemos extendido el cordón que nos une a la naturaleza para encerrarnos en cuatro paredes, con ventanas que ven paredes. Pero el cordón que nos une a ese horizonte iluminado por el sol, está ahí. Es un cordón que grita bienestar, que nos invita a un momento de buen vivir. 

No nos rindamos ante las cuatro paredes que hasta ahora nos contienen. Reclamemos nuestra conexión con la naturaleza, siempre.

No olvidemos que este pedacito del planeta que cada uno habitamos tiene tierra, tiene aire, tiene un horizonte abierto que en el día se baña de luz. La luz del sol ilumina al mar, a las plantas, a los cerros, a nosotros mismos. Decora tus espacios con el regalo inspirador de un horizonte soleado, o con el manto de la noche iluminado por estrellas. 

Porque el regalo de una noche estrellada también alimenta el alma.

Existen regalos que nos nutren una y otra vez a través de la mirada. Son regalos para cada ocasión que necesitamos acercarnos a la naturaleza, a la naturaleza que somos. Porque somos tierra y cielo.

Referencias:

https://www.nature.com/articles/srep16899#Sec1

https://science.sciencemag.org/content/224/4647/420

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